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La rehabilitación patrimonial del Casco Antiguo de Sevilla, de la mano del turismo.

El distrito histórico de la capital hispalense concentra ya el 65% de todas las grandes rehabilitaciones realizadas en la ciudad desde 2007. Detrás de esa transformación está el capital ligado al alojamiento turístico, que ha devuelto a la vida palacios, casas señoriales y edificios institucionales que durante años arrastraron un delicado estado de conservación.

 

Hace poco más de diez años, hablar del Casco Antiguo de Sevilla era, en buena medida, hablar de sus «casas fantasma»: inmuebles protegidos por su valor patrimonial que se caían a pedazos, atrapados entre herencias imposibles de gestionar, la ocupación y el expolio. La crisis financiera de 2008 había dejado el caserío histórico convertido en un mapa de solares apuntalados y fachadas clausuradas. Aquel panorama ha ido cambiando de forma notable en la última década.

El último informe técnico elaborado por el Ayuntamiento sobre el impacto de la actividad turística en la ciudad recoge esta evolución y la describe como una «externalidad positiva» del turismo, señalando la llegada de capital privado como el motor que ha permitido recuperar decenas de edificios históricos, tanto privados como públicos.

Una tendencia sostenida en el tiempo

El contraste con la etapa posterior a la crisis inmobiliaria es notable. En 2012 la ciudad tramitó 34 expedientes de declaración de ruina, la mitad de ellos en el propio Centro. Las inspecciones técnicas de edificios (ITE), que en 2011 y 2012 llegaron a superar las 10.000 en toda Sevilla, se han reducido hoy a entre 250 y 300 al año en el conjunto de la ciudad, de las que apenas medio centenar corresponden al Casco Antiguo. Según los registros municipales, entre 2020 y 2025 el distrito no ha tramitado ningún expediente de este tipo, un reflejo más del cambio de ciclo que atraviesa el patrimonio del Centro.

Detrás de esa recuperación está, según el propio informe municipal, el auge del alojamiento turístico: el crecimiento interanual del 20% en plazas de apartamentos turísticos —una modalidad distinta a la vivienda de uso turístico— ha exigido reformas integrales para adaptar antiguas casas residenciales a los estándares y la normativa que impone este nuevo uso comercial.

Ese esfuerzo inversor se refleja en los datos del Catastro que maneja el Ayuntamiento: desde 2007, el Casco Antiguo concentra el 65% de todas las rehabilitaciones integrales realizadas en la ciudad, con 3.904 grandes intervenciones de las 6.044 registradas en el conjunto de Sevilla. Ningún otro distrito se le acerca: Macarena apenas suma un 4% del total y Cerro-Amate o Norte se quedan en un 3%.

Palacios que vuelven a tener vida

El caso más elocuente es el de las casas palacio, la tipología arquitectónica más compleja y costosa de mantener en Sevilla. Catorce de estos edificios catalogados funcionan hoy como apartamentos turísticos, lo que ha garantizado su conservación. Algunos ejemplos ilustran bien el cambio. La Casa de la Moneda, de origen dieciseisesco y que llegó a permanecer una década fraccionada y paralizada por las obras, alberga hoy complejos de apartamentos que han devuelto la actividad a un enclave clave de la historia indiana de la ciudad. Cerca de la Alfalfa, la Casa del Conde de Gelves, del siglo XVII, recibe huéspedes entre columnas restauradas, mientras el Palacio de los Marqueses de Nervión funciona hoy como establecimiento hotelero de 27 habitaciones bajo gestión internacional.

También ha cambiado de vida la antigua comisaría de la Gavidia, un edificio representativo del movimiento moderno que estuvo abandonado durante dos décadas hasta que la inversión privada lo transformó en un hotel de cinco estrellas. Joyas barrocas como la Casa Palacio Moratín o el Palacio de Buenavista, con su reconocible fachada celeste en la calle Cano y Cueto, junto a varias recuperaciones en Santa Cruz y la calle San José, han encontrado en la explotación turística la fórmula que ha permitido sufragar su conservación.

Todavía queda patrimonio por resolver

No todo el catálogo de edificios en riesgo ha desaparecido. Inmuebles como los de la calle García Ramos 24-25 o Jesús del Gran Poder 38 continúan clausurados, muestra de que el Centro histórico sigue teniendo asignaturas pendientes en materia de conservación.

El propio informe municipal señala la actividad turística como «factor causal» de la regeneración vivida en los últimos años, alejando el fantasma del derrumbe de un patrimonio que durante años pareció condenado a desaparecer. Sevilla avanza así en la protección física del casco histórico más extenso de Europa, demostrando que, más allá del debate sobre sus efectos en la vida residencial del Centro, el turismo también puede convertirse en un aliado de la conservación arquitectónica.

Fuente: ABC Sevilla

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