
La candidatura del conjunto arqueológico de Itálica aspira a conseguir el reconocimiento en 2027 mientras surgen otras propuestas como los espacios del 29 y el yacimiento de Valencina
Los tres monumentos que componen el conjunto Patrimonio Mundial de Sevilla. (J. M. Serrano)
Pese al vasto patrimonio monumental, arqueológico y natural con el que cuenta la provincia de Sevilla, esta tiene en la actualidad una sola declaración oficial de Patrimonio Mundial: el conjunto monumental conformado por la Catedral, el Real Alcázar y el Archivo de Indias, reconocido por la Unesco en 1987. Desde entonces han sido varias las candidaturas e intentonas de engrosar el listado de bienes materiales con este título, aunque ninguna ha llegado aún a buen puerto. Esto ha provocado que, de todas aquellas provincias españolas que cuentan con alguna inscripción dentro del patrimonio material de la Unesco –un total de 43 de 50–, Sevilla ocupe el último lugar en cuanto a la proporción de declaraciones por número de habitantes.
La provincia, que acaba de superar los dos millones de residentes, se queda con 0,05 bienes patrimonio de la humanidad por cada 100.000 habitantes. Se trata de un dato que, más allá de lo anecdótico, en el caso de Sevilla refleja el camino por recorrer que aún queda a nivel de protección y promoción internacional con el gran potencial que hay. La etiqueta de la Unesco confiere una mayor exposición fuera de nuestras fronteras al aparecer en guías, mapas y documentales internacionales; mayores garantías de conservación al contar con leyes de protección más estrictas, monitoreo de expertos y financiación específica tanto pública como privada; y, por supuesto, un aumento del impacto económico al aumentar el empleo local y la visita de turistas. No es por tanto una mera categoría formal o un premio con el que alimentar el ego de las instituciones.
Durante la semana del 4 de mayo, el evento de Netflix impulsó la ocupación de más de 500 plazas hoteleras en Sevilla, activando de forma directa sectores clave como la hostelería, la restauración y el comercio local. El efecto arrastre se extendió a toda la cadena turística y de servicios vinculados a la celebración del evento.
A este impacto económico se sumó la llegada de unas 150 personalidades procedentes de fuera de la ciudad, vinculadas al ámbito audiovisual y cultural. Su presencia no solo reforzó la visibilidad del evento, sino que convirtió a Sevilla en protagonista de publicaciones, vídeos y menciones compartidas con millones de seguidores en redes sociales.
En este particular ‘ranking’ de las provincias más reconocidas por la Unesco hay que matizar que, como cabe esperar, el resto de las más pobladas de España se quedan también en la parte baja: Málaga, con una declaración, y Madrid, con cuatro, son las que se encuentran justamente por encima con 0,06 bienes por cada 100.000 habitantes. Las superan ligeramente Murcia y Barcelona, con 0,07; y Valencia, con 0,08 bienes. La provincia más pareja a Sevilla en número de habitantes, Alicante, tiene dos reconocimientos: el Palmeral de Elche y la declaración compartida del arte rupestre del Arco Mediterráneo, por lo que también supera tanto a Sevilla como a las demás mencionadas con 0,12 bienes por cada 100.000 habitantes.
Por el contrario, las provincias del norte peninsular con menos población se ven claramente beneficiadas a la hora de elaborar este listado. Además, los bienes que son Patrimonio Mundial de forma compartida juegan a su favor en la estadística, con declaraciones como la de los Caminos de Santiago, que se extiende por numerosas provincias y regiones de la submeseta norte y la cornisa cantábrica. En ese aspecto, la provincia de Teruel, con menos de 140.000 habitantes, lidera el listado al acumular tres declaraciones, las tres compartidas con otras provincias: el Mudéjar de Aragón, el arte rupestre del Arco Mediterráneo y la del Camino de Santiago por el ramal aragonés. Así consigue ser la única provincia que supera los 2 bienes por cada 100.000 habitantes, seguida de las provincias castellanas de Segovia, Palencia y Ávila.
Volviendo a Sevilla, ampliar la presencia dentro de los patrimonios materiales reconocidos ha estado en la mente del Ayuntamiento de Sevilla en sucesivos equipos de gobierno en los últimos tiempos. Zoido propuso impulsar el reconocimiento de la Plaza de España y la Torre del Oro en 2013. Tres años más tarde se aprobó en Pleno municipal pedir la ampliación del Patrimonio Mundial de Sevilla existente a los vestigios del antiguo Puerto de Indias –Reales Atarazanas, Hospital de la Caridad, la Torre del Oro y la de la Plata–. Y sólo un año después, en 2017, llegó al Ayuntamiento la propuesta de una candidatura del arte mudéjar sevillano en sus múltiples manifestaciones en la ciudad –como Omnium Sanctorum, San Marcos y Santa Marina–, algo similar a lo que ya ocurre con el aragonés, que está reconocido por la Unesco. Sin embargo, ninguna de estas propuestas llegó a materializarse, quedando todas en el aire, sin configurar un proyecto real de candidatura.
Ahora, José Luis Sanz parece haber recogido el testigo cuando el pasado mes de febrero, y con el centenario de la Exposición Iberoamericana de 1929 en el horizonte, anunció que el Consistorio iba a iniciar el expediente para que los espacios del 29, incluyendo la emblemática Plaza de España, el parque de María Luisa y los pabellones históricos, tuvieran este reconocimiento. La candidatura se enmarcaría en los fastos de conmemoración de los cien años del acontecimiento que revolucionó el urbanismo de Sevilla. «No es sólo una oportunidad para Sevilla. Es una oportunidad para España. Reconocer la Exposición de 1929 como Patrimonio Mundial es reconocer una parte esencial de nuestra historia común con Iberoamérica», dijo en su momento el alcalde. Está por ver si esta idea, que sin duda tendría sentido por la magnitud artística e histórica del conjunto monumental y sus importantes necesidades conservativas, sigue adelante y toma forma o se queda también en las palabras.
Pero Sevilla no es sólo la capital hispalense. La provincia ha tomado la delantera en los últimos años en lo relativo a la carrera por la declaración de Patrimonio Mundial. Así, la candidatura que sí se ha conformado de forma seria y que lleva ya varios años trabajando duro para conseguir el reconocimiento es la del conjunto arqueológico de Itálica, en Santiponce. Desde 2019 lleva el proyecto en la pugna de aspirantes para la distinción. La propuesta partió de la mano de Civisur con el foco en su arquitectura adrianea, pero fue reformulada en 2024 por la Consejería de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, que la centró en su rol de epicentro religioso bajo el título ‘Itálica, ciudad ceremonial’ para así distinguirse de otras candidaturas.

El anfiteatro romano de Itálica (ABC)
Este año ha entrado por fin en la fase definitiva para su posible admisión en la lista de la Unesco. Esta, con el informe presentado por el Ministerio de Cultura en su poder, decidirá en poco tiempo si la candidatura pasa el primer corte y el Comité del Patrimonio Mundial la evalúa en 2027. La defensa sería el próximo mes de diciembre en París. Cultura confía en las posibilidades de la ciudad natal de los emperadores romanos Trajano y Adriano para conseguir el reconocimiento.
La cosa no queda ahí, ya que en Valencina de la Concepción también se están moviendo con paso firme para buscar la declaración como Patrimonio Mundial de uno de los yacimientos arqueológicos de la Edad del Cobre más importantes de toda Europa catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC) en 2010. El Ayuntamiento del municipio aljarafeño avanza con entusiasmo para impulsar el despegue de la candidatura de la zona arqueológica Valencina de la Concepción–Castilleja de Guzmán. Uno de los movimientos más recientes fue la visita de un grupo de expertos hace unos días para perfilar el proyecto definiendo las prioridades estratégicas y su enfoque más sólido, identificando y articulando sus valores universales excepcionales y reforzando la solidez de la candidatura. También la consejera de Cultura, Patricia del Pozo, estuvo presente en este primer encuentro dando respaldo institucional a la iniciativa, que, si se afronta con seriedad y profesionalidad, podría ser la siguiente en disputar el reconocimiento de la Unesco.
Sevilla tiene un potencial único y diverso a nivel de patrimonio que en muchos casos no se refleja con los reconocimientos oficiales institucionales. Así ocurre con el caso del Patrimonio Mundial de la Unesco. Mientras en los últimos años otras candidaturas se han adelantado, algunas con el resultado soñado, caso del Paseo del Prado y el Buen Retiro de Madrid en 2021 ―no sin controversia―; otras truncándose por el camino, como el Olivar andaluz en 2024 por la oposición de los agricultores; la provincia de Sevilla mantiene en el conjunto arqueológico de Itálica sus opciones reales de engrosar una lista en la que desde hace casi cuarenta años ‘sólo’ figura el conjunto monumental de la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias. Después, las posibilidades para salir de ese vagón de cola a nivel nacional son amplias, pero requieren mucho trabajo y una conciencia clara de poner en valor la riqueza patrimonial de la provincia y la importancia de conservarla como es debido para que todos salgamos ganando.
Fuente: ABC Sevilla
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